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"Un Café Con Alejandro".- Sandra Sánchez

“Un Café Con Alejandro”.- Sandra Sánchez

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La protagonista de la nueva entrega de ‘Un Café Con Alejandro’ es la karateka Sandra Sánchez. La talaverana visitó la sede del Comité Olímpico Español para repasar, junto al presidente del COE, su grandísima trayectoria deportiva, contar cómo fueron sus inicios, la importancia de su entrenador Jesús del Moral en todos sus éxitos y cómo se imagina el sueño olímpico.   
Desde que Sandra se colgara el oro en el Open de Salzburgo el 1 de marzo de 2020, la deportista española no ha vuelto a salir de España para competir. Y aunque sigue entrenando al 100 %, estos nueve meses de parón internacional empiezan a hacerse cuesta arriba. “Estoy entrenando bien, pero se está haciendo largo el no competir internacionalmente. Parecía que después de verano sí iba a llegar y que íbamos a poder salir. Es cierto que hemos empezado aquí en España, y por lo menos estamos compitiendo, pero ya se hace largo no salir a competir internacionalmente”, declara la número uno del mundo en la modalidad de kata.  

A esa posición del ranking llegó en 2015 y desde entonces nadie ha sido capaz de bajarla del podio ni de arrebatarle la condición de número uno. De hecho, en 2018 la nombraron mejor karateka de la historia en la modalidad de kata. Sin embargo, ella todavía no se lo cree. “No soy consciente de que soy la mejor del mundo. Ni soy consciente ni creo que lo sea. Creo que en cada Campeonato he podido competir a un determinado nivel. Y mañana cuando me toque volver a competir tendré que demostrar a qué nivel estoy. Por lo tanto, en el día a día no pienso ni siento que sea la mejor del mundo”, reconoce.  

Siguiendo los pasos de Paquito

Para llegar hasta donde está hoy en día hay que remontarse unos años atrás. Porque si sus padres no hubiesen apuntado a su hermano Paquito a kárate, seguramente no estaríamos hoy aquí sentados. “Cuando yo tenía 4 años y mi hermano 6, mis padres deciden que hagamos alguna actividad extraescolar y apuntan a mi hermano a kárate y a mí a baile. Pero yo quería hacer lo que hacía Paquito y si a él le apuntaban a kárate, pues a mí también. Todo lo que hiciera Paquito lo quería hacer yo, aunque no supiera ni lo que era el kárate. Así que así empecé, con cuatro años y dos meses después de que me apuntaran a baile”, explica entre risas y reconoce que su hermano aún se lo recuerda: “Paquito me repite diariamente que estoy aquí por él”.  

Ya con dieciocho años, la Real Federación Española de Kárate la convoca para acudir al Centro de Alto Rendimiento. Sin embargo, un contratiempo familiar cambia radicalmente la historia. “Era la primera vez que entraba gente de katas (en el CAR) y nos convocaron a Damián y a mí. Pero un mes después de entrar a mi madre le diagnostican el cáncer y esa noticia empieza a ocupar mi cabeza y mi corazón, dejando a un lado los recuerdos de aquella experiencia en el CAR”, cuenta emocionada.  

Esa noticia le llevó a abandonar el Centro de Alto Rendimiento para continuar con su progresión cerca de su madre en Talavera de la Reina, su ciudad natal. “Yo pensaba que lo que me había llevado hasta el CAR habían sido mis entrenamientos y yo en Talavera podía seguir entrenando, tenía mi dojo y mi maestro. No iba a dejar el kárate. Por eso no pensé que la decisión de regresar a casa tuviera tantas consecuencias a nivel deportivo y competitivo. Y aunque luego las tuvo, me da igual porque lo volvería a decidir una y mil veces”, explica.  

Y la historia continúa así: “Después de la decisión del CAR me quedo en segundo plano a nivel federación. Van pasando los años y aunque sigo compitiendo y ganando medallas a nivel nacional, no me llaman para formar parte del equipo nacional. De hecho, cuando termino mi primera carrera, decido irme al extranjero a trabajar, a perfeccionar el idioma y vivir esa experiencia. Así que con 24 o 25 años dejo la competición. Y parecía que ya no iba a volver, pero cuando volví de Australia tanto Javier Pineño, mi maestro, como Jesús del Moral, que en ese momento era seleccionador de Castilla-La Mancha, me animan a volver. Yo sabía que físicamente tenía aptitudes sin explotar y finalmente decido regresar”.  

Un tándem perfecto

Cuando Sandra decide volver a la competición, le pide a Jesús del Moral que la entrene a nivel personal para sacar lo mejor de ella. Pero Jesús le dice que no. “Él había llevado muchos competidores y estaba un poco desilusionado, porque los competidores a veces somos un poco desagradecidos y no somos conscientes de que el entrenador también da parte de su vida, de su tiempo libre y que cuando decidimos dejar de competir son ellos los que se quedan colgados. En ese momento, como ya lo había vivido varias veces no quería que le volviera a pasar. Así que tuve que demostrarle que conmigo no le pasaría”, afirma.  

Tal fue esa demostración que hoy en día forman un tándem perfecto tanto dentro como fuera del tatami. “Yo siempre le digo que soy producto de su esfuerzo. Él pasa tantas horas buscando cualquier ejercicio que a mí me puede hace mejorar que sin ese esfuerzo yo no podría sacar esa parte de mí”, comenta. Y añade: “Yo tenía las cualidades, pero sin alguien que las saque y las explote no es posible. Somos un tándem y funcionamos porque estamos juntos”. Porque además de entrenador y deportista son pareja, algo que afianza aún más la relación. “Cuando entrenamos, hay una disciplina y no se habla. Esas seis o siete horas diarias que estamos entrenando no hablamos, estamos distantes. Nuestro tiempo de calidad como pareja llega cuando terminamos de entrenar”, explica orgullosa.  

Viajar a Japón para empaparse de los conocimientos de este deporte, y la oportunidad de dedicarse en exclusiva al kárate en Dubái, llevaron a Sandra a la élite mundial. “Cuando Jesús y yo empezamos con esos entrenamientos viajamos a Japón para absorber todos los conocimientos que podíamos para crear algo nuestro que me hiciera mejorar. Siempre que la hucha nos lo permitía íbamos a Japón, a aprender. Allí va mucha gente a entrenar y no es fácil ganarse el favor de los maestros. El primer día te revientan, pero cuando ven actitud y ganas de aprender, de darlo todo, enseguida se abren y te quieren enseñar”, cuenta la karateka.  

“En una de las competiciones internacionales que fuimos representando a nuestro club, un club de Dubái me vio competir y me ofreció la oportunidad de competir para ellos, yéndonos allí a vivir. Jesús entrenaría allí a sus chavales y se podía dedicar 100% a entrenarme. Además, el club costeaba mis viajes. A mí se me abrió el cielo. Aunque Jesús cuando le llamé se pensaba que era una broma. Nos costaba creernos que eso nos estuviese pasando”, relata entre risas.  

A la selección con 34 años

Los tres años en Dubái y sus grandes resultados le abrieron las puertas de la selección española en 2015. “Con 34 años entro en el equipo nacional. Pensaba que ya no entraba. Ese año gané el Campeonato de España y, aun así, por la edad, era difícil que apostaran por mí para que fuera al Campeonato de Europa. Podían pensar que no tenía proyección de futuro. De hecho, Jesús me dijo: ‘Vamos a entrenar como si fueras al europeo, pero piensa que no vas a ir’, porque hubo un momento que lo vio muy difícil”, dice.  

Finalmente fue al europeo y se proclamó campeona de Europa. Al igual que haría en 2016, 2017, 2018 y 2019. También se subió a lo más alto del podio en el Mundial de 2018, donde logró una victoria muy especial para ella: “Mis padres se han recorrido España entera y han sufrido mucho con toda la situación que he vivido. Así que imagínate, ese Mundial (en Madrid) con mis padres y mi hermano en la grada fue impresionante”.  

Y aunque el camino no ha sido fácil, la karateka tiene claro que no cambiaría nada. “No cambiaría ni una lágrima, ni una rabieta ni ninguna mala noche. Soy lo que soy por todo lo que he vivido y si no hubiera vivido esos momentos difíciles, quizá no tendría esta actitud de esforzarme por todo y no estaría aquí”, asegura.  

Objetivo: Tokio 2020

Y ahora, después de estar cinco años en lo más alto de la clasificación mundial, Sandra cumplirá el sueño de todo deportista: ser olímpica. Y lo hará en Japón, ese país que tanto le ha enseñado. “Estoy feliz con todo. Cada cosa que vivo que está relacionada con los Juegos me hace tanta ilusión…Lo vivo todo como una niña pequeña”.  

Además, confía en que volverá con un metal colgado al cuello. “Creo en mis cualidades, en el trabajo que estamos haciendo, creo ciegamente en ese trabajo. Veo a Jesús trabajar las 24 horas del día, todo lo que prepara cada entrenamiento, confío tanto en ese trabajo que es lo que me hace a mí confiar en que sí puedo ganar una medalla en Tokio”.  

De ella, y de los jueces, dependerá el color de esa presea. Aunque reconoce que ya se ha ganado la confianza de los árbitros, algo muy importante de cara a soñar con el oro. “Que los jueces den perdedora a una japonesa es muy difícil. Por eso, cada vez que perdía con Kiyou Shimizu (su gran rival), pero estaba cerca de ganarla me iba ganando esa confianza. De hecho, yo no gané a la japonesa en el Mundial por primera vez, la gané cada vez que perdí con ella. He tenido que perder muchas veces para conseguir ganar. Necesitaba ese proceso para que realmente los jueces vieran que alguien que no es de japón también puede llegar a ese nivel técnico y atlético. Hay que ganarse la confianza de los jueces y mantenerla”.  

Pasión por los katas

Cuando escuchas hablar a Sandra Sánchez sobre su disciplina entiendes por qué ha llegado a ser la mejor de la historia. La pasión con la que describe el kárate en general y los katas en particular es la misma con la que salta al tatami en cada una de sus competiciones. De ahí, que no nos sorprenda que en su palmarés luzcan tantos triunfos. 

“Cuando se hace el kata con el corazón, se suda con el alma. A través de los katas puedo sacar todo mi mundo interior. Yo siento que tengo muchas cosas dentro y que no encuentro la manera de sacarlas, pero con los katas saco todo lo que llevo dentro”, explica.  

Pero no solo fueron los katas los que provocaron que se enamorara de este deporte. “A mí siempre me gusta estar aprendiendo algo, leyendo alguna cosa nueva o teniendo la sensación de que, de alguna manera, mi mente sigue creciendo y con el karate tengo eso constantemente, porque siempre me falta mucho por mejorar, me falta mucho por aprender. De karate nunca lo sabré todo. Siempre tengo la sensación de que todavía queda más”. 

Y pone en valor también la labor de los maestros. “No sé si es el kárate o los maestros y lo que son capaces de transmitir, pero estoy enganchada. Javier Pineño que es mi maestro desde que tengo cuatro años me enseña la bondad, la empatía, le da todo lo que tiene a todo el mundo. Yo he aprendido los valores a través del ejemplo, porque no creo que los valores se impongan. El maestro te transmite lo que el kárate tiene que ser”, concluye.  

Tras casi una hora de conversación, Alejandro Blanco se despide de Sandra Sánchez recordándole lo importante que es para el deporte español, asegurándole que el próximo 5 de agosto estará en la grada del pabellón nipón viéndola competir y deseándole que se proclame campeona olímpica. 

coe

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