Sandra Sánchez, campeona del mundo de kárate: «El oro llegó después de 20 años perdiendo»

Sandra Sánchez, campeona del mundo de kárate: «El oro llegó después de 20 años perdiendo»

Considera que el éxito le ha llegado «cuando tenía que llegar». Entrenada por su pareja, se reivindica con 37 años, mira a Tokio y es puro entusiasmo

Para Sandra Sánchez (16-9-1981, Talavera de la Reina) no hay tregua. La campeona mundial de katas está compitiendo en Shanghái menos de un mes después de ganar el oro en Madrid.

¿Cómo se define y cómo define el kárate?

¡Qué difícil! (risas). Siempre con ilusión, a veces con ingenuidad y con la madurez y la fortaleza de todo lo que he aprendido. Con ganas de vivir y disfrutar. Y el kárate es un estilo de vida. Es lo que me ha formado como persona porque tuve la suerte de tener un maestro, que era disciplinado, duro, pero todo corazón.

¿Le ha llegado tarde el éxito?

Ha llegado cuando tenía que llegar. Vives cosas que te hacen ser como eres y todo se alineó para que llegara en ese momento. Quizás más joven no lo hubiera conseguido porque no entreno con la cabeza o la madurez de ahora. Es como la recompensa a muchas cosas porque se puede entrenar mucho, sacrificar muchas cosas y aún así no llegas. Es bonito vivir este momento con naturalidad. Sé que he conseguido algo importante, pero la vida continúa. La vida es mucho más que la medalla.

¿Perdió la fe alguna vez?

Esto es como una montaña rusa. El oro llegó después de veinte años perdiendo y no es fácil. La gente me decía para qué sigo, pero guardas esa llamita dentro de tu corazón que te dice «creo que puedo». Sí que hay momentos de inflexión porque hay una línea muy fina para asumir que a lo mejor lo que tú piensas no es lo real y que tienes que atender a lo que dicen los de fuera. O no, y seguir luchando por esa llamita que a veces es más débil y a veces es más fuerte. Lo que nunca hay que hacer es rendirse.

¿Hay un momento de cambio de mentalidad?

Hay una etapa que es cuando empiezo a entrenar con Jesús del Moral. Viajamos a Japón, cogemos muchos conceptos, los mezclamos y añadimos cosas nuestras. Creamos un nuevo sistema de entrenamiento y la suma de todo es el «click». Es lo que hace que dé ese salto de nivel y se suman una serie de circunstancias que ayudan a tener esa oportunidad. Si no la tienes, tú puedes poner todo, pero si no entras en el equipo o no te llevan a un Europeo o a un campeonato internacional nunca puedes saber realmente tu nivel.

En ese viaje, ¿descubrió un nuevo kárate?

No uno nuevo, pero si otra forma de entenderlo, como utilizar mi cuerpo para sacar el máximo rendimiento. Un maestro de Japón, Inoke, que era un visionario y un adelantado nos cambió el concepto. No te corregía una cosa, te hacía practicar de manera que tu cuerpo aprendía a corregir ese error. Eso fue un poco lo que nos cambió y nos hizo ver otra forma de entrenar no sólo repetir y decir cuál es el defecto, sino enseñar a tu cuerpo a no cometer ese fallo.

¿Siente que ha tocado techo?

No, lo tengo clarísimo porque después del oro ya tenía ganas de entrenar. Siempre salgo de los campeonatos pensando en qué puedo mejorar. No creo que me vaya a parar, tengo mucha ilusión por vivir muchas cosas y ganas de seguir mejorando.

¿Qué cree que piensan de usted las rivales?

En el tatami hay mucho respeto y puedo ser un ejemplo para no marcarse un límite de la edad. Ahora eres como el rival a batir, aunque soy de las que pienso que siempre, en cada campeonato se empieza de cero porque ya no sólo depende de las rivales sino que un desequilibrio me deja fuera, sea oro o sea la última.

¿Y no se da una tregua?

La verdad que sí lo necesitaría, pero la realidad es que todos los campeonatos puntúan para el ranking olímpico y éste se cierra en abril de 2020. A día de hoy no tenemos puntos suficientes como para permitirnos un descanso. Si sigo así pues a lo mejor llegará un momento que matemáticamente puedas decidir que no vas a un campeonato y que te tomas algún descanso, pero hoy tengo que ir a todos. Prefiero que la paliza sea ahora y sumar esos puntos y que luego, tenga más margen para los Juegos y de preparación para esos meses.

¿El oro le cambia la vida?

Antes del Mundial me concedieron el Premio Nacional del Deporte y eso puso mucho los focos. ¿Quién es Sandra?¿Qué es esto del kárate? Tuve la suerte de contar con el apoyo de Pelayo que se involucraron conmigo y ahora se van abriendo puertas y hasta me han dado un Volvo. Ahora puedo transmitir muchas cosas positivas que sirven incluso a nivel de empresa. Y es que estos días han sido una vorágine. Personalmente espero que no me cambie. Si algún día me ven que empiezo a ser diferente tengo a Jesús (risas) que me da una colleja y me dice: «Sandra, hombre…». Me aprendo a conocer a través de sus ojos. Tienes que tener la visión de los que te rodean y él siempre me dice que hay que vivir con naturalidad.

Imagino que habrá ayudado que el kárate sea disciplina olímpica en Tokio…

Lo ha cambiado todo. Estamos mucho mejor cuidados porque hay ayudas de todo tipo. De empresas privadas, mujer y deporte… tenemos facilidades que antes no teníamos, aunque sean básicas como el poder viajar a las competiciones varios días antes, tener tu hotel… Y en Tokio casi vamos a estar como en casa, porque en un campeonato hace poco nos animaron los japoneses como si fueran españoles y pensé «madre mía los van a echar del país» (risas). Podremos ir con todo el tiempo que queramos de antelación para que al final el cambio de país o de comida, aunque me encanta la comida japonesa, sea lo más natural.

¿Y piensa más allá de Tokio?

Intento no marcarme ni principio ni fin porque tanta gente me pregunta por la edad, pero ya me lo preguntaban cuando empecé, que si sólo iba a durar un año… No me quiero marcar un final quiero dejar que mi cuerpo y mi mente vayan fluyendo y cuando vea cómo están decidiré.

¿Se puede vivir del kárate?

Ahora estamos dentro del plan ADO y eso para los «top» nos permite vivir del kárate y poder dedicarnos sólo a entrenar. Depende de nuestros resultados y eso es un hándicap. Es difícil planificarse una vida normal o una hipoteca porque dependes de un campeonato. Lo que pasa es que eso somos dos o tres personas que están en el más alto nivel. Todo lo que está debajo tiene que evolucionar. Por ejemplo, en kárate hay un grupo de 8 o 10 competidoras que se les ayuda en promoción para que puedan centrase en estudiar y en entrenar sin tener que preocuparse del tema económico.

¿Es de llevar amuletos?

Siempre llevo las bolas de dragón porque veía la serie de pequeña con mi hermano y es algo que nos mantiene unidos. Intento no tomármelo como amuleto. Si un día se me olvidan, siempre pienso que salgo al tatami con mi amuleto, que son las horas de entrenamiento.

¿Hay un cambio a nivel mediático en relación al deporte femenino?

Creo que es una época de cambio. Hay empresas privadas, como Iberdrola, que apuestan por el deporte femenino y luego una generación de mujeres que estamos marcando historia. Es un momento muy dulce. Estamos haciendo nuestro trabajo de la mejor manera posible, sumado a que creo que la sociedad está viendo un movimiento.

Y eso que sus padres querían que fuera bailarina…

(Risas) Ellos lo hicieron con todo el cariño del mundo. Mi padre se apunto al kárate cuando yo daba clases en Talavera. Lo ha seguido muy de cerca. Siempre nos han dado todo el apoyo a mi hermano y a mí. Pero sí que entiendo que cuando era más pequeña pensaron que estaría mejor haciendo baile. Sí que es verdad que cuando cogí mi rabieta diciendo que me llevaran con mi hermano pensaron que se me pasaría. Pero vieron que me gustaba mucho, que lo disfrutaba y me apoyaron. Al principio viajaron alrededor de toda España a todos los campeonatos que teníamos y siempre han estado ahí.

También es futbolera…

Sí, me invito el Atlético a su estadio y pronto iré al Bernabéu (risas). Pero soy del Talavera y de la selección (más risas). Cuendo estuve viéndoles en Las Rozas me gustó el interés que mostraron por cómo gané el oro. Lo que más me gusta de fútbol es jugarlo. Era lateral derecho en un equipo medio profesional cuando estaba en Australia. Todo chicos y yo. Ahora no juego por evitar lesiones.

¿Cómo es su día a día?

Me levanto sobre las siete y media. Desayuno y a las nueve y media ya estamos en el tatami hasta la una. Luego paramos, ducha, comer y descansamos treinta minutos y a las cuatro empezamos a entrenar otra vez hasta las seis o las siete. Después tenemos baños de contraste, un poco de fisio, descanso, cena, leer algún libro y a dormir.

 

 

 

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