Rocío Sánchez: en el tatami también sueñan con Tokio

Rocío Sánchez: en el tatami también sueñan con Tokio

La karateca Rocío Sánchez compite por los puntos que le permitan estar entre las diez mejores del mundo y obtener así una plaza para los Juegos de 2020, en los que el arte marcial se estrena deporte olímpico

“Yo voy soñando caminos”. Así comienza Antonio Machado uno de sus poemas y así va gestando el deportista sus retos. Ensoñación para algunos, utopía para otros, la senda suele hacerse estrecha, cuando no inexistente, imposible. Desde un vestuario con olor a adrenalina, desde una cancha envuelta en ácido láctico, en el asiento de un autocar o en el mostrador de un aeropuerto, el camino se revela siempre presente, físicamente en la realidad cotidiana y mentalmente en un profundo sueño olímpico.

En un estado semejante vive Rocío Sánchez Estepa, madrileña de nacimiento y cordobesa de filiación. Una doble identidad que responde a los caprichos de la providencia. Sus padres, originarios de Peñarroya-Pueblonuevo, emigraron a la capital por imperativo laboral y allí fue donde Rocío llegó al mundo. Con cuatro años ya vestía el karategui. Ahora, con 27 y nombrada hija predilecta del municipio cordobés, sueña con Tokio, sede de los Juegos Olímpicos de 2020, edición en la que el kárate se estrenará como competición deportiva. En ese estreno olímpico quiere debutar olímpicamente también Rocío Sánchez, que sueña con hacerlo en el país donde se originó el deporte del tatami.

El camino no es fácil. Nunca lo fue. Alguna vez lo pensó cuando le preguntaba a sus padres, cuando era un niña, que por qué no se habían ido a su pueblo a darle a luz, a Peñarroya-Pueblonuevo, donde tiene a toda su familia y adonde va cada vez que puede. Cuando no puede es porque Rocío persigue el sueño olímpico. Y eso requiere la renuncia que requería toda gesta griega. Rocío entrena y se busca la vida. Sin respaldo económico suficiente, ya sean en términos de un patrocinio o de ayudas federativas, el año pasado se lanzó a recaudar fondos por Internet, el denominado ‘crowdfunding’, con el objetivo de financiar los viajes a los torneos internacionales y a las concentraciones.

Para la lograr la clasificación olímpica, Rocío Sánchez ha de pelear todo lo que pueda en los certámenes en los que se reparten los puntos decisivos, por medio mundo. Aunque la pasada campaña acabó en el puesto decimoséptimo del mundo en su categoría, kumite para menos de 50 kilos, la karateca tiene motivos tiene para ser optimista. La meta es es colarse entre las diez mejores, hito que ya logró en 2016, temporada en la que terminó sexta. Y el inicio de este año está siendo muy notable.

Ha sido bronce en la prueba de la Liga de Series A celebrada en Salzburgo, uno de esos torneos con puntos importantes para escalar en la clasificación. Habrá más pruebas capitales: en mayo, el Campeonato de Europa de Serbia; en noviembre, el Mundial de Madrid y, este mes, el Nacional en Tomares. En el horizonte, en 2020, sigue estando Tokio y en el sueño, el metal olímpico. Nada de esto sería posible si la cordobesa no hubiera contado, por fin, con la ayuda esencial de la beca ADO, ganada con sangre, sudor y mercromina.

Los méritos no son pocos. Con 21 años ya había sido llamada por la selección nacional. Medallas de oro en el Mundial Universitario, plata y bronce en los campeonatos mundiales de su especialidad, cinco entorchados nacionales y numerosas preseas en diversos torneos por todo el planeta. Un abundante muestrario de metales que no habrían sido posibles si no hubiera sido por aquella apuesta de cambiar el fútbol por el kárate, un órdago serio y a la postre ganador.

Rocío Sánchez Estepa (Madrid, 1991) siempre supo que se dedicaría al kárate, como había practicado su hermano mayor. Llegar hasta donde está, no obstante, no ha sido un camino de leche y miel. Hasta hace poco atendía en un establecimiento deportivo al tiempo que completaba los estudios de Educación Infantil en la UCAM. Antes se había graduado en Magisterio, prueba de que los sueños, también el olímpico, necesitan apoyarse en la realidad del día a día. Distinto es que ahora Roció esté centrada en los Juegos. Y en sus duermevelas nunca falta Tokio. Tampoco un tatami. El camino está ahí.

 

 

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