Sandra Sánchez, un valor seguro ante su gran oportunidad

La karateca, actual campeona mundial y europea en la modalidad de kata, será una de las más claras opciones de medalla de España en Tokio

Si hay una opción clara de medalla para la delegación española en los Juegos Olímpicos de Tokio, esa reside en Sandra Sánchez. Desde que en agosto de 2016 se hiciera oficial la inclusión del kárate por primera vez en el programa olímpico, la talaverana tiene entre ceja y ceja la cita del próximo verano en la capital nipona, una oportunidad única de redondear un palmarés de leyenda, toda vez que su deporte no repetirá en los Juegos de París de 2024 después de que el comité organizador decidiese dejarlo fuera en favor del surf, la escalada, el ‘skateboard’ o el ‘breakdance’.

El historial de Sandra Sánchez lo dice todo: campeona mundial en 2018, cinco veces consecutivas campeona de Europa, desde 2015 hasta la actualidad, oro en los Juegos Europeos de Bakú en 2015 y de Minsk en 2019 y líder indiscutible del ranking mundial de la Federación Mundial de Kárate (WKF) en los últimos años. Semejante nómina de triunfos la convierten oficialmente en la mejor karateca de la historia en la modalidad de kata, que consiste en la práctica de una serie de movimientos, pasos y giros junto a técnicas de brazo o pierna, de forma individual o por equipos, sin combate ante un adversario, y por tanto, en candidata número uno al preciado oro olímpico.

Como suele ocurrir con todo gran deportista, el vínculo entre Sandra Sánchez y la disciplina que la ha encumbrado, el kárate, comenzó muchos años antes de que el fulgor del éxito alumbrase una brillante carrera profesional. De carácter inquieto y risueño, sus padres decidieron apuntar a la pequeña de cuatro años que era a mediados de los ochenta a clases de baile, pero por su cabeza pasaban ya otros planes. Su hermano Paco había empezado a practicar kárate y ella se empeñó en seguir sus pasos desde que se enamoró de este arte marcial de origen japonés en una visita al gimnasio. Desde entonces, la disciplina y la paz interior propia de su deporte han ido forjando un carácter lleno de energía canalizada sobre el tatami.

Apasionada de la cultura japonesa, Sandra siempre lleva consigo a modo de amuleto unas bolas de dragón, icónicas del famoso manga ‘Dragon Ball’, un referente de su infancia. Una vez acabada su carrera de Ciencias del Deporte (INEF), decidió emprender un periplo por el mundo que la llevó hasta Australia, donde vivió e impartió clases de kárate, pero no fue hasta la aparición de Jesús del Moral, su entrenador y pareja, cuando se centró plenamente en la competición a través de una preparación específica que ha sido clave en su rendimiento en los últimos años. Su caso es atípico, pues no fue hasta bien entrada la treintena, cuando otros muchos deportistas ya están en la recta final de su carrera, cuando comenzó a subirse al podio en las grandes citas internacionales.

Kiyou Shimizu, la gran rival

Más de seis horas al día de duro entrenamiento centran el día a día de una deportista consciente de que está ante el mayor reto de su carrera: alcanzar la gloria olímpica y hacerlo además en un lugar emblemático, el país que es cuna del kárate. La japonesa Kiyou Shimizu, número 2 en el ranking de la WKF y dos veces campeona del mundo, en 2014 y 2016, se perfila como la gran rival por ese sueño, ya que ambas karatecas están varios escalones por encima del resto, sin que nada salvo algún imprevisto pueda impedir que se disputen el oro olímpico, tal y como llevan haciendo en los últimos años en Mundiales, Europeos y citas de la Premier League, la máxima categoría del circuito mundial. «Que se de por hecha mi medalla en Tokio me lo tomo como algo positivo, eso significa que confían en mí porque creen que soy buena», resume, fiel a una forma de ser decidida y cargada de positividad. Nada de balones fuera, Sandra Sánchez sabe que tiene en sus manos la gran oportunidad de su carrera.

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